Anoche fue un día importante para los dos, puede que más para ti aunque no le des tanta importancia. Y hoy en cambio estoy como si me hubieran pegado una paliza, de bajonera. A ver, los buenos momentos que pasamos son geniales, y los ya vividos no los cambiaba por nada, pero me parece un poco sorprendente que con el poco tiempo que estamos juntos ya podamos separar entre momentos buenos, y no tan buenos. Como ya te he dicho, igual es porque no te conozco lo suficiente, pero siempre intento llegar con una sonrisa que al final, acabo temiendo mostrar porque no entiendo qué te pasa. No sé diferenciar cuándo estás a gusto y cuando no, de hecho casi siempre me dá la impresión de que estás molesto por algo, que pocas veces sé de qué se trata. No sé qué está pasando, pero no puedo ser optimista con el tema, y me dá la impresión de que nos vamos a hacer daño, aunque no hay cosas que desee más que estar equivocándome.
Hoy tengo que reconocer que me he despertado con miedo. No sé porqué, pero temo hacerte daño... Apenas te conozco, pero me dá la impresión de que eres una persona buena, y sensible, y no me gustaría ser la responsable de que te fortalecieras, pues solo lo malo hace conseguirlo. No entiendo el motivo por el que pasa esto por mi cabeza, pero no puedo evitar pensarlo muchos días cuando no estoy a tu lado. ¿Por qué no vuelas? ¿Por qué no te escapas ahora que los dos estamos a tiempo? Quizás sería la forma más cobarde de afrontar las cosas para los dos pero, de verdad, me cuesta creer que puedo hacer feliz a alguien, a pesar de que no haya cosa que desee más que conseguirlo contigo.
En breve salgo camino de tu casa. En unos minutos, volveremos a estar juntos. Dentro de poquito volverás a regalarme momentos para recordar, de los que disfrutar como si nada más hubiera en este mundo. Cada día me sorprendes con un comentario, con una mirada nueva, con una caricia inesperada, con un beso diferente. Hace solo dos días que te ví, y siento como si hubiera pasado mucho más.
Creo que, empiezas a colorear mi vida, gracias.